No me le grites al niño: dativo ético
El dativo ético Por Isabel Hernández 1. El fenómeno: "no me le grites al niño" "No me le grites al niño." "¿Cómo se me ha portado la niña?" "Se nos van los niños." "¿Les llovió a ustedes durante el trayecto?" En estas cuatro oraciones hay algo raro si uno se detiene a mirarlo con cuidado: ese "me", ese "nos", ese "les", no corresponden a nadie que reciba nada, ni a nadie que sea dueño de algo mencionado en la oración, ni a ningún destinatario de un movimiento. "No me le grites al niño" no significa que me estén gritando a mí, ni que el niño sea mío en algún sentido especial que la oración marque. El pronombre está ahí, pegado a la oración, sin cumplir ninguna de las funciones que ya hemos visto en esta serie. Compáralo con los usos anteriores. "Le mandé una carta" tiene un destinatario real: la carta llega a alguien. "Le rompí el brazo" tiene un poseedor real: el brazo e...