Ya llegó: lo que el español da por sabido

 

Lo que el hablante da por sabido: el conocimiento compartido en la pragmática

Por Isabel Hernández

Cuando alguien dice "Ya llegó", entiende quien escucha de quién se habla, a dónde llegó y desde cuándo se esperaba. Nada de eso aparece en la oración. El hablante lo omite porque calcula que el otro ya lo sabe. Ese cálculo se llama conocimiento compartido, y la pragmática lo estudia porque decide cuánto se dice y cómo se dice.

Qué es el conocimiento compartido

Es lo que los dos interlocutores saben y, además, saben que el otro sabe. Robert Stalnaker lo formuló en 1978 como la base de la conversación: cada vez que alguien afirma algo, esa información pasa a formar parte de lo que ambos asumen. Herbert Clark lo desarrolló después con el nombre de common ground.

La condición de que ambos sepan que el otro sabe es necesaria. Si yo sé que mi vecino se mudó y tú también lo sabes, pero ignoramos que el otro lo sabe, no puedo decir "Se mudó el vecino" como algo conocido. Tengo que presentarlo: "Te cuento que se mudó el vecino."

Cómo se establece

Clark y Marshall (1981) distinguieron tres maneras en que dos personas llegan a compartir algo.

La primera es la pertenencia a una comunidad. Dos tapatíos pueden decir "Nos vemos en la Minerva" sin explicar nada. Con alguien de otra ciudad hay que decir "Nos vemos en la glorieta de la Minerva, la que tiene una estatua grande."

La segunda es la presencia física compartida. Dos personas en una cocina pueden decir "Pásame eso" mientras una señala. Por teléfono, la misma oración no funciona.

La tercera es la conversación previa. Si acabas de decir "Compré un coche", puedo contestar "¿De qué color es?" y el coche ya está disponible para los dos.

Siete fenómenos gramaticales donde se manifiesta

El conocimiento compartido se manifiesta en la gramática del español. En cada caso que sigue, el hablante elige una forma según lo que el oyente ya tiene disponible: una persona mencionada, un objeto a la vista, un recuerdo común. Los fenómenos son el sujeto nulo, los artículos, los demostrativos, el orden de las palabras, las dislocaciones, las presuposiciones y la elipsis. Cada uno lleva un ejemplo y, cuando ayuda, un contraejemplo.

El sujeto nulo

El español usa el sujeto tácito cuando el oyente puede recuperarlo.

  • Mi hermana llamó anoche. Dijo que llega el viernes.

El segundo verbo no necesita un sujeto explícito porque "mi hermana" ya está en la conversación. Cuando el referente no está disponible, la omisión falla:

  • Llegó tarde. (Dicho al comenzar una charla, sin que se haya mencionado a nadie.)

El oyente pregunta "¿Quién?". El hablante tiene que decir "Mi jefe llegó tarde."

El sujeto expreso aparece cuando hay más de un candidato:

  • Pedro vio a Luis. Él estaba cansado.

Con "Él" el oyente asocia el cansancio con Luis o con Pedro según el contexto, y esa decisión es un cálculo de conocimiento compartido.

Los artículos

El artículo definido indica que el oyente puede identificar el referente. El indefinido presenta algo nuevo.

  • Compré un coche. El coche es rojo.

La primera mención usa "un" porque el oyente no conocía el coche. La segunda usa "el" porque ya lo conoce.

El conocimiento de la comunidad también autoriza el definido sin mención previa:

  • Se casó la hija del vecino.

Funciona si ambos saben que el vecino tiene una hija. Si el oyente no lo sabe, el hablante tiene que decir "Se casó una hija del vecino" o "Se casó la hija del vecino, la mayor."

Los demostrativos

Los demostrativos, además de marcar distancia, señalan cuánto comparten los interlocutores.

  • ¿Te acuerdas de ese restaurante donde cenamos en Chapala?

Aquí "ese" invita al oyente a recuperar un recuerdo común. Con "un restaurante" el hablante presentaría algo nuevo. Con "aquel" ("Aquel verano en Chapala") se añade lejanía en el tiempo, y también supone un recuerdo que ambos pueden evocar.

El orden de las palabras

La posición del sujeto respecto del verbo depende de si el sujeto es información conocida o nueva.

  • ¿Quién llamó? — Llamó Juan.
  • ¿Qué hizo Juan? — Juan llamó.

En la primera respuesta, "Juan" es lo nuevo y va después del verbo. En la segunda, "Juan" es lo ya sabido y va antes. Invertir las respuestas produce oraciones extrañas: "Juan llamó" como respuesta a "¿Quién llamó?" es posible, pero exige acentuar "Juan", mientras que "Llamó Juan" como respuesta a "¿Qué hizo Juan?" resulta antinatural.

Las dislocaciones

Una dislocación coloca un elemento conocido al principio o al final y lo retoma con un pronombre.

  • El libro, lo compré ayer. (Dislocación a la izquierda.)
  • Lo compré ayer, el libro. (Dislocación a la derecha.)

Ambas suponen que el libro ya está en la conversación. Con un referente nuevo no funcionan:

  • Un libro lo compré ayer.

Esta oración suena mal porque presenta algo nuevo con una estructura reservada para lo conocido. La versión natural es "Compré un libro ayer."

Las presuposiciones

Algunas expresiones llevan información que el hablante da por conocida.

  • Mario dejó de fumar.

La oración presupone que Mario fumaba. Si el oyente no lo sabía, no protesta: lo incorpora. David Lewis llamó a este proceso acomodación (1979). El oyente ajusta su conocimiento para que la conversación avance.

La acomodación tiene un límite. Si digo "Mario dejó de fumar" y tú sabes que Mario nunca fumó, la oración te resulta contradictoria y me corriges.

La elipsis

En una conversación con contexto inmediato se omiten palabras enteras.

  • ¿Café? — Sí, con leche.

La respuesta omite "quiero café". El oyente lo reconstruye porque la pregunta lo estableció. Sin la pregunta previa, "Sí, con leche" no tiene sentido.

Cuando el cálculo falla

Los hablantes se equivocan al estimar lo que el otro sabe. Boaz Keysar y sus colegas (2003) mostraron en experimentos que los adultos, al interpretar, a veces consideran información que solo ellos conocen. El hablante, por su parte, tiende a dar por sabido más de lo que el oyente sabe.

Esas fallas se manifiestan de dos maneras. El hablante dice poco:

  • Fui con él. (El oyente no sabe quién es "él".)

O dice demasiado, y viola la máxima de cantidad de Grice:

  • Mi vecina, la del tercer piso, la que tiene el perro blanco, la que se mudó en marzo, vino ayer.

En el segundo caso el oyente ya sabía de qué vecina se trataba desde "mi vecina".

Una misma oración, dos situaciones

Una forma sencilla de trabajar esto en clase es dar una oración y pedir que la gente imagine dos situaciones donde sea adecuada y una donde no lo sea. Con "Ya llegó", la situación adecuada es dos personas esperando a la misma persona. La inadecuada es una persona que entra a una oficina y lo dice a alguien que no esperaba a nadie.

El mismo ejercicio sirve para "El libro, lo compré ayer", "Llamó Juan" o "Se casó la hija del vecino". Cada oración exige una situación concreta, y reconocerla es parte de saber usarla.

Te dejo dos diálogos, el primero es cómo funcionan estos 7 casos de conocimiento compartido en una conversación cotidiana y el segundo, algunos desajustes en el conocimiento compartido.

Marcos llama a Laura por la tarde. Ella está en casa y esa mañana habló con un plomero.

Marcos: Ya hablé con él. Dice que puede el viernes. (Pronombre sin antecedente en la conversación: Marcos piensa en el tío Ramón, y Laura en el plomero.)

Laura: Qué bueno, porque la llave del baño ya no aguanta. (Laura interpreta "él" con el último tema que tuvo presente.)

Marcos: ¿Qué llave? Te hablo de Ramón. Viene el viernes a la comida de mamá.

Laura: Ah, creí que hablabas del plomero. ¿Entonces la comida es el viernes?

Marcos: Sí, ya te lo dije. (Presuposición: Marcos da por hecho que Laura recibió el cambio de fecha.)

Laura: A mí me dijeron que era el sábado.

Marcos: Era el sábado, pero lo cambiamos. Se lo dije a mamá para que te avisara. (Conocimiento desactualizado: Laura conserva la fecha anterior, y Marcos supone que la noticia le llegó por otra persona.)

Laura: Pues a mí nadie me avisó.


Stalnaker, R. (2002). Common ground. Linguistics and Philosophy, 25(5-6), 701-721.

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