Frases que no piden permiso
La gramática que no tiene la última palabra
Por Isabel Hernández
Hay un tipo de pregunta que aparece tarde o temprano en cualquier clase de español. Un estudiante señala una frase y pregunta por qué se dice así. No pregunta por el significado, eso ya lo entendió. Lo que realmente está preguntando es por la forma: por qué ese orden, por qué esa palabra y no otra que también tendría sentido, por qué no se puede cambiar ni una letra sin que la frase suene rara.
Y la respuesta honesta, muchas veces, es que no hay respuesta. Esa frase nunca se construyó siguiendo una regla: se aprendió entera, se usa entera, y entera se transmite.
Un registro que ya no se mueve
Cuando hablamos de registro, ya vimos que depende de un conjunto de variables: el tema, la relación entre quienes hablan y el canal por el que se comunican. Eso explica el grueso del español que usamos todos los días: el registro se ajusta, se negocia, se mueve.
Pero hay un punto en ese continuo donde el movimiento se detiene. En un extremo tenemos el habla íntima, que se inventa entre dos personas y solo ellas la entienden del todo. En el extremo opuesto hay un tipo de lenguaje que ya no se inventa en absoluto: está fijado de antemano, no admite variación individual, y cualquier intento de improvisar sobre él suena, como mínimo, fuera de lugar. Un juramento, una fórmula notarial, una oración litúrgica. Nadie las redacta de nuevo cada vez que las dice. Se repiten.
Ese extremo es el que nos interesa aquí, porque no es exclusivo de contextos legales o religiosos. Aparece, en miniatura, en gran parte de las fórmulas que usamos sin pensar: un saludo, una despedida, una frase de cortesía en la mesa.
Frases que no se arman, se recuperan
La mayor parte del habla se construye en el momento, palabra por palabra, siguiendo reglas gramaticales que combinan piezas sueltas. Pero una parte considerable del habla no funciona así: se produce recuperando bloques que ya vienen armados de antemano, como si la memoria guardara frases completas en lugar de solo palabras sueltas.
"Buen provecho" no se genera calculando qué adjetivo combina mejor con qué sustantivo. "Mucho gusto" no compite con otras combinaciones igual de lógicas. Son piezas que se aprenden como unidad y se usan como unidad. El hispanohablante no las analiza al decirlas, y por eso, cuando alguien de fuera del idioma sí las analiza, no encuentra ninguna razón estructural que las sostenga: la comunidad decidió, en algún momento, que esa combinación exacta sirve para esa situación exacta, y desde entonces se repite sin modificarse.
Esto es una parte tan legítima y tan grande del idioma como la parte que sí se genera con reglas. Simplemente pertenece a otro mecanismo.
Enseñar el bloque, no la pieza
Para la clase, esto cambia la pregunta que hay que hacerse frente a una frase difícil de justificar. La pregunta relevante es si esa frase pertenece a la parte del idioma que se construye o a la parte que se repite. Si pertenece a la segunda, buscarle una razón gramatical no solo es innecesario: puede confundir más de lo que aclara, porque sugiere que hay una lógica composicional donde no la hay.
La alternativa es enseñar esas frases como lo que son: piezas completas, con su situación de uso pegada a la forma. Se presentan enteras, se practican enteras, y se guardan enteras, tal como las guarda cualquier hispanohablante.
Reconocer esa frontera —entre lo que se construye y lo que se
repite— no resuelve todas las preguntas difíciles de una clase de español. Pero
al menos evita la peor respuesta posible, que es inventar una regla donde solo
hay una convención. Frente a una frase congelada, la gramática no tiene la
última palabra. La tiene el uso, repetido durante generaciones hasta que dejó
de necesitar explicación.
Este artículo retoma ideas de la teoría del registro de M.A.K.
Halliday, la escala de estilos de Martin Joos (The Five Clocks, 1961), el
principio del idiom de John Sinclair, y los trabajos sobre lenguaje formulaico
de Alison Wray, Florian Coulmas y de Nattinger y DeCarrico sobre frases léxicas
en la enseñanza de lenguas.
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