¿Qué hacer cuando la gramática no tiene la respuesta?



Más allá de la gramática: cuatro pilares para enseñar español como lengua extranjera 

Por Isabel Hernández

Cuando un estudiante de ELE comete un error, la primera reacción del maestro suele ser gramatical. ¿Conjugó mal? ¿Usó mal el subjuntivo? La gramática ocupa el centro de la enseñanza de lenguas desde hace siglos, y aunque nadie duda de su utilidad, hay un problema: no es suficiente. Un estudiante puede conjugar perfectamente y aun así no entender un texto, no saber organizar sus ideas o no explicarse por qué "pensaba" y "pensé" no son intercambiables aunque los dos sean pasado. La gramática es solo uno de cuatro sistemas que el maestro de ELE necesita dominar: la teoría de la información, la teoría del discurso, la semántica y la gramática misma. Los cuatro aportan por igual, pero solo uno recibe toda la atención.


La teoría de la información: qué es nuevo y qué ya se sabe

Cada vez que alguien habla o escribe, organiza el mensaje según lo que el oyente ya sabe y lo que es novedad. A esto se le llama estructura tema-rema: el tema es la información conocida, el rema es la información nueva. En español esta estructura tiene consecuencias directas en el orden de palabras y la entonación. Si alguien pregunta "¿quién rompió el vaso?", la respuesta natural es "lo rompió Juan", donde Juan, la información nueva, va al final. Decir "Juan lo rompió" en ese contexto no es agramatical, pero viola la distribución informativa esperada y suena extraño. El maestro que entiende esto puede explicar el orden de palabras en español sin recurrir a reglas arbitrarias.

El principio de relevancia de Sperber y Wilson añade otra dimensión: los hablantes asumen que su interlocutor va a transmitir el máximo de información con el mínimo esfuerzo cognitivo. Cuando eso no ocurre, la comunicación falla o resulta extraña. Un estudiante que ignora este principio produce discursos que suenan mecánicos o irrelevantes aunque sean gramaticalmente perfectos.

Los textos y conversaciones tienen siempre un grado de redundancia que facilita la comprensión. En contextos predecibles el estudiante puede anticipar lo que viene y procesar mejor. Lo contrario es la entropía: textos con mucha incertidumbre sobre lo que viene, como un poema, una conversación coloquial rápida o un texto con muchas referencias culturales desconocidas. El maestro puede usar esto estratégicamente, comenzando con actividades de baja entropía antes de exponer al estudiante a textos más impredecibles.

Finalmente, todo acto comunicativo ocurre en un canal con interferencias, lo que la teoría llama ruido. En el aula de ELE el ruido no es solo fonológico. También es cultural, cuando el estudiante no comparte el marco de referencia del hispanohablante, y pragmático, cuando no sabe qué se espera de él en ese tipo de intercambio. Identificar qué tipo de ruido está bloqueando la comunicación es una herramienta diagnóstica muy concreta para el maestro.


La teoría del discurso: más allá de la oración

La gramática describe oraciones. Pero la comunicación real ocurre en textos, conversaciones, argumentaciones, narraciones. Ahí es donde entra la teoría del discurso.

Un problema frecuente en la producción escrita de estudiantes de ELE es la falta de progresión temática. No basta con mantener un tema, el texto debe avanzar. Un estudiante puede escribir cinco oraciones sobre "mi ciudad" que no progresen hacia ningún lado, cada una repitiendo lo mismo con otras palabras. Identificar ese problema y corregirlo es una tarea discursiva, no gramatical.

Para la comprensión lectora, la macroestructura es una herramienta indispensable para el maestro. La macroestructura es el contenido global del texto, lo que se respondería si alguien pregunta "¿de qué trata?". El maestro que domina este concepto puede guiar al estudiante desde el sentido global hacia los detalles, dándole un marco de interpretación antes de entrar al texto. Un estudiante que no entiende cada palabra pero capta la macroestructura comprende el texto. Uno que entiende cada palabra pero no capta la macroestructura, no. La superestructura, el esquema organizativo del texto, funciona como herramienta de diagnóstico: el estudiante ya sabe en su lengua cómo se organiza una narración o una argumentación, y cuando algo falla en su producción el maestro puede identificar si el problema es de esquema y no de gramática.

La deixis es otro punto que el maestro debe manejar bien. Las expresiones deícticas señalan personas, lugares y tiempos desde la perspectiva del hablante: "aquí", "allá", "este", "aquel", "ahora", "entonces". En español el sistema deíctico es rico y su mal uso produce textos confusos aunque sean gramaticalmente correctos. Un estudiante que escribe "fui allá y vi esto" sin haber establecido los referentes está produciendo un texto incoherente por razones deícticas, no gramaticales.

Los actos de habla de Austin y Searle revelan que el lenguaje no solo informa, también hace cosas: pide, promete, ordena, convence. "¿Puedes cerrar la puerta?" es gramaticalmente una pregunta sobre capacidad, pero discursivamente es una petición. Ninguna regla gramatical explica esa diferencia, y un estudiante que no la entiende puede responder "sí, puedo" y quedarse sentado.

Finalmente, las máximas conversacionales de Grice explican qué ocurre cuando los hablantes dicen menos de lo que comunican. Si alguien pregunta "¿te gustó la película?" y la respuesta es "la fotografía era muy buena", la implicatura es clara: la película no fue del todo buena. Ese tipo de inferencia es cotidiana en español y no tiene explicación gramatical posible.


La semántica: el significado que la gramática no explica

Dos áreas de la semántica son especialmente útiles para ELE.

La primera es el Aktionsart, o aspecto léxico. Los verbos no solo designan acciones, también estructuran el tiempo internamente. Algunos describen estados sin límite natural, como saber o conocer. Otros describen actividades sin límite, como correr o nadar. Otros describen procesos con un límite implícito, como construir una casa o escribir una carta. Y otros describen cambios instantáneos, como llegar o romper.

Esto es indispensable para explicar la diferencia entre el pretérito indefinido y el imperfecto, uno de los puntos más difíciles de ELE. La regla clásica de "el indefinido es puntual y el imperfecto es continuo" falla constantemente. Lo que realmente ocurre es una interacción entre el tiempo verbal y la clase aktionsart del verbo. "Pensaba" presenta el estado como abierto, sin límites. "Pensé" marca el momento en que ese proceso ocurrió como un episodio cerrado. El maestro que entiende el Aktionsart puede explicar esto con coherencia en lugar de acumular excepciones.

La segunda área es la semántica de marcos de Fillmore. Cada palabra no solo tiene un significado, activa un marco completo de conocimiento cultural y conceptual. "Almuerzo" no es solo una comida del mediodía: activa un marco que incluye horarios, contextos sociales, alimentos esperados, duración. Ese marco es diferente en México, en España y en Argentina. Un estudiante puede conocer la palabra pero no el marco, y eso produce usos extraños o malentendidos que ninguna regla gramatical puede anticipar ni corregir.


La gramática: un sistema descriptivo, no una ley

El primer malentendido que el maestro debe desarmar es la idea que muchos estudiantes traen al aula: que la gramática existe primero y los hispanohablantes después, intentando alcanzarla. Como si hablar bien fuera acercarse a lo que dice la RAE.

Es exactamente al revés. Primero hablan los hispanohablantes, y la gramática intenta describir y ordenar lo que ya existe. La lengua vive en sus hablantes, no en el diccionario.

Esto tiene una consecuencia práctica importante: cuando el maestro dice "incorrecto", debe saber exactamente qué está diciendo. No es lo mismo agramatical, no normativo y no culto. Agramatical significa que viola el sistema de la lengua, y eso prácticamente solo lo hace un estudiante extranjero. "Yo soy ido" es agramatical. En cambio, "haiga" o "la calor" no son agramaticales, el sistema los genera perfectamente, simplemente no siguen la norma culta estándar. Confundir estas tres cosas es una trampa para el propio maestro: si enseña que todo lo que se aparta de la norma es incorrecto, no va a poder explicar el sinnúmero de cosas que el estudiante va a escuchar de boca de hispanohablantes reales. Y ese estudiante va a llegar confundido al aula preguntando por qué la gente no habla como le enseñaron.


El maestro de ELE que domina estos cuatro sistemas tiene herramientas para anticipar problemas, diseñar mejores explicaciones y entender por qué un estudiante falla, no solo constatar que falla. La gramática es indispensable, pero es un cuarto del mapa, no el mapa completo.


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