La edad y el amor que el manual no contempló 2/3
La enseñanza de lenguas que no nos imaginó: hacia una ELE inclusiva (II)
En la primera parte de esta serie planteé que el problema de la inclusión en la enseñanza de lenguas extranjeras no es, en primer lugar, de adaptación, sino de imaginación. Antes de preguntarnos cómo enseñar a ciertos perfiles, hay que notar que esos perfiles nunca fueron considerados al diseñar el material. Esta segunda parte retoma esa idea desde dos ángulos distintos: la edad en la que se asume que aprendemos lenguas, y a quién se le permite, dentro del manual, formar la familia que quiere.
El mito de la edad ideal
Existe una idea muy extendida, y muy simplificada, sobre la existencia de una ventana crítica para aprender lenguas: pasada cierta edad, el aprendizaje se vuelve más difícil, casi una excepción. Esa simplificación, aunque tiene una base real en la investigación sobre adquisición, termina operando como excusa curricular. Si se asume que aprender de adulto mayor es la excepción, entonces no hace falta diseñar para esa excepción. El resultado es un currículo que, unidad tras unidad, asume un aprendiente joven, sin que nadie lo declare explícitamente.
Esto no es un problema de capacidad cognitiva general, como vimos en la primera parte con el ejemplo de los 88 años. Es un problema de ritmo, de fatiga, de motivación y, sobre todo, de para qué se aprende. El manual está construido sobre una proyección a futuro: vas a viajar, vas a trabajar, vas a socializar en la lengua meta. Esa proyección puede ser simplemente irrelevante para alguien mayor, no porque su motivación sea menor, sino porque es otra. Quizá quiere leer en su lengua de herencia con sus nietos, o cumplir un proyecto pendiente desde hace décadas, o simplemente porque aprender le da placer en sí mismo, sin necesidad de una utilidad futura que justifique el esfuerzo.
El problema, otra vez, no es que no exista metodología capaz de enseñar a alguien mayor. Es que nadie escribió pensando en que ese alguien estuviera ahí, sentado frente al manual, con sus propias razones.
A quién se le permite casarse en la lengua que aprende
Hay un segundo punto ciego que opera de forma distinta a los anteriores. Los manuales de ELE asumen, casi sin excepción, que el estudiante es heterosexual. Esto se nota sobre todo en los temas y en el tipo de preguntas que proponen los ejercicios: "describe a tu pareja ideal", "¿te gustaría casarte?", "habla de tu familia", siempre con un ejemplo implícito de pareja de género opuesto, o con ejercicios de práctica controlada que solo contemplan ese escenario como posible.
A diferencia de los perfiles que vimos en la primera parte, aquí el estudiante no está ausente del manual. Está presente, pero forzado a encajar en un molde que no le corresponde, o silenciado en el momento en que el ejercicio asume una realidad legal o social que no es la suya. Preguntar "¿con quién te casarías?" puede ser una pregunta neutra para un estudiante heterosexual y, para otro, una pregunta sobre algo que su propio país le prohíbe legalmente. No es un matiz menor: es la diferencia entre un ejercicio de práctica controlada y una pregunta que, sin proponérselo, vuelve a poner sobre la mesa una exclusión que el estudiante ya conoce de sobra fuera del aula.
Y aquí conviene anticipar la objeción más común, porque suele aparecer disfrazada de pragmatismo: "son pocos". El argumento numérico no resiste el menor escrutinio. El margen de estudiantes para quienes el manual asume una vida que no es la suya es demasiado amplio como para descartarlo así, y el costo de no hacerlo —repetir, ejercicio tras ejercicio, una sola forma legítima de amar y formar familia— no se mide solo en cantidad de personas afectadas, sino en la naturalidad con la que el material reproduce una exclusión que ya existe fuera del aula.
Lo que comparten este punto y el anterior es que ambos viven en los temas y en las preguntas concretas de los ejercicios, no en aspectos técnicos de gramática o vocabulario. El manual no necesita una reforma metodológica profunda para corregir esto: necesita, simplemente, dejar de asumir que solo existe una manera de tener 88 años, o de querer casarse.
Esta es la segunda parte de la serie sobre enseñanza de lenguas extranjeras inclusiva.
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