Comprar por placer, comer en tres tiempos: la clase social que el manual no nombra 3/4
La enseñanza de lenguas que no nos imaginó: hacia una ELE inclusiva (III)
En las dos partes anteriores de esta serie vimos dos formas distintas de exclusión en los manuales de ELE: la ausencia (perfiles que el material nunca imaginó como estudiantes) y el molde forzado (estudiantes presentes en el manual, pero obligados a encajar en una realidad que no es la suya). Esta tercera parte aborda una tercera forma, quizás la más naturalizada de todas: una clase social y geográfica muy específica, presentada como si fuera la experiencia humana neutra y universal.
Estos son solo algunos ejemplos, no un inventario cerrado, pero bastan para mostrar el patrón.
Comprar como placer, comprar como necesidad
El tema de "ir de compras" aparece en prácticamente todos los manuales de ELE: tu tienda favorita, qué te gusta comprarte, cómo describes tu última compra. El ejercicio asume, sin decirlo, que comprar es una actividad de ocio, algo que se hace por placer y que merece ser descrito con entusiasmo. Para buena parte de los hablantes de español en el mundo, comprar no es recreación: es gestión de la necesidad inmediata. El ejercicio no es solo culturalmente limitado, presupone un excedente económico que no es universal entre quienes, en teoría, podrían querer aprender esta lengua.
El menú de varios tiempos y el plato favorito
Algo parecido ocurre con los ejercicios sobre comida. "Primer plato, segundo plato, postre" se presenta como estructura dada por hecho, como si toda comida en el mundo siguiera ese orden. Para muchísimas personas, la estructura diaria de las comidas no se parece en nada a eso. Y la pregunta "¿cuál es tu plato favorito?" presupone que existe variedad de elección donde, para otros, solo existe lo que hay disponible ese día. No es un matiz menor: es la diferencia entre preguntar sobre un gusto y preguntar sobre algo que, sencillamente, no aplica.
Ser vegetariano como elección
El mismo patrón se repite con el vegetarianismo, o con cualquier régimen alimentario que el manual presente como tema de conversación. Se trata siempre como una decisión de estilo de vida, una preferencia personal que se explica y se defiende. Nunca aparece como imposición material, como lo que ocurre cuando ciertos alimentos sencillamente no están disponibles o no son accesibles. El manual solo concibe la comida como un espacio de elección, nunca como un espacio de escasez.
¿Y entonces qué hacer?
Llegados a este punto, después de tres entregas señalando puntos ciegos —perfiles ausentes, moldes forzados, una clase social disfrazada de neutralidad— es inevitable la pregunta de qué hacer con todo esto. No es una pregunta menor, ni tiene una respuesta breve, así que la dejaremos para más adelante en esta misma serie. Por ahora basta con dejar planteado el problema: notar, antes que resolver, ya es un primer paso que muchos manuales ni siquiera han dado.
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