Por qué hay cosas en español que no se explican, se memorizan
Lexicalización: cuando el idioma olvida por qué dijo lo que dijo
Por Isabel Hernández
Si alguna vez un estudiante te
ha preguntado por qué se dice tomar el pelo y no jalar el pelo, o
por qué madrugada existe como palabra pero no hay una equivalente para
las horas de la tarde, probablemente te has enfrentado, sin saberlo, a un
fenómeno llamado lexicalización. No es un concepto complicado. Es uno de los
procesos más cotidianos del lenguaje y entenderlo puede cambiar bastante la
forma en que explicamos el español a quienes lo aprenden.
Qué es
Lexicalizar es el proceso por
el cual una expresión que antes tenía partes separadas se congela en una sola
unidad con significado propio. Los hablantes dejan de analizarla y empiezan a
usarla como un bloque.
Pensemos en paraguas.
Viene de parar + aguas. Tiene sentido y se puede explicar. Pero ningún
hispanohablante, cuando busca su paraguas antes de salir, piensa en un
artefacto que para aguas. Simplemente piensa en paraguas. El análisis
desapareció. La unidad se lexicalizó.
Lo mismo ocurre con abrelatas,
sacacorchos o guardaespaldas. Todas fueron en algún momento
descripciones funcionales. Hoy son simplemente palabras.
Por qué ocurre
No es un accidente. Es
eficiencia. Cuando una combinación de palabras se repite mucho con el mismo
significado el cerebro deja de construirla cada vez y empieza a guardarla como
un todo. Es más rápido.
Este proceso ocurre poco a
poco. Hay expresiones que están lexicalizándose ahora mismo y otras que llevan
siglos completamente fijas. En el medio hay toda una gama de expresiones más o
menos transparentes. Ese gradiente es exactamente lo que determina qué tan
difícil resulta una expresión para un estudiante.
Cómo se presenta en español
La lexicalización aparece de
varias formas.
La composición es la más
visible: dos palabras que se unen y forman una sola. Rascacielos, bocacalle,
bienvenida. A veces el significado se deduce de las partes. A veces no.
Las locuciones son
combinaciones fijas que funcionan como una unidad. A propósito, sin
embargo, de vez en cuando. Con el tiempo se fueron fijando y hoy no
admiten variaciones sin sonar extrañas. No puedes decir de una vez en cuando
aunque la lógica parecería permitirlo.
Los modismos son el
ejemplo más llamativo: meter la pata, costar un ojo de la cara, no
hay mal que por bien no venga. El significado no tiene nada que ver con las
palabras individuales. No se puede deducir. Hay que aprenderlo como bloque.
Y finalmente están las palabras
simples con historia invisible: términos que en algún momento fueron
descriptivos pero cuya historia ya no es accesible para nadie. Desayuno
viene de des + ayuno, es decir, romper el ayuno. La mayoría de hablantes
lo desconoce por completo y no lo necesita para usar la palabra correctamente.
Qué tiene que ver esto con enseñar español
El primer nivel es explicativo.
Cuando un estudiante pregunta por qué algo es como es, muchas veces la
respuesta honesta es: porque el idioma lo fijó así. No hay una regla gramatical
activa que lo explique. Esto es liberador: deja de intentar construir
explicaciones donde no las hay. Y también puede serlo para el estudiante porque
le da un marco claro: hay cosas en una lengua que no se deducen sino que se
memorizan, no porque el idioma sea caprichoso sino porque tiene historia y esa
historia dejó huellas.
El segundo nivel es práctico.
Si sabemos que ciertas expresiones funcionan como bloques fijos sabemos que no
tiene sentido enseñarlas palabra por palabra. A pesar de se aprende
mejor como una sola unidad que como a + pesar + de. Presentarla
descompuesta añade trabajo innecesario.
El peligro de lo que parece fácil
Las expresiones completamente
opacas no suelen ser el problema. El estudiante sabe que estar en las nubes
hay que aprenderlo de memoria y no intenta deducirlo.
El problema está en las
expresiones que parecen transparentes pero no lo son del todo. Tomar una
decisión, tener en cuenta, dar por sentado. El estudiante
cree que las entiende porque entiende cada palabra. Pero están fijadas en
combinaciones específicas que no funcionan igual con sinónimos. No se puede
decir agarrar una decisión ni realizar una decisión aunque ambos
verbos funcionen perfectamente en otros contextos.
Esta falsa confianza produce
errores difíciles de detectar porque no suenan completamente mal sino un poco
extraños. Para el estudiante avanzado eso puede ser la diferencia entre un
español que fluye y uno que siempre suena ligeramente desajustado.
Cuando se traduce por partes lo que no tiene partes
Hay un error muy específico que
cometen los estudiantes y que viene exactamente de no reconocer una expresión
lexicalizada: la traducen pieza por pieza.
No es un error nuevo. Los
traductores de otras épocas hacían lo mismo, porque la teoría de la traducción
de entonces privilegiaba la fidelidad palabra por palabra. El resultado era
textos que sonaban extraños precisamente donde el original tenía una expresión
fija. Hoy sabemos que las unidades lexicalizadas son las que más resisten la
traducción directa porque su significado no vive en las partes sino en el
bloque completo.
Los estudiantes hacen lo mismo
pero al revés. No están traduciendo del español a su lengua sino construyendo
español desde ella. Toman una expresión que en su idioma también está
lexicalizada la desmontan y traducen las piezas. En inglés se dice make a
doubt y llega hacer una duda. En francés donner un coup d'oeil
y llega dar un golpe de ojo en lugar de echar un vistazo. La
gramática es correcta. El vocabulario existe. Pero la combinación no es la que
el español tiene fijada.
Esto muestra algo importante:
el problema no es que el estudiante no sepa gramática ni que le falte
vocabulario. Es que no sabe dónde están los bordes de los bloques. Y eso no se
resuelve con más gramática sino con más exposición a las combinaciones reales
del idioma y con una enseñanza de vocabulario que presente las expresiones como
unidades desde el principio.
Lexicalización y cultura
Lo que una lengua decide fijar
como una sola unidad dice algo sobre lo que esa comunidad ha necesitado nombrar
con frecuencia.
El español tiene madrugada
para las horas entre la medianoche y el amanecer. El inglés no tiene
equivalente directo. El español tiene sobremesa para el tiempo que se
pasa en la mesa después de comer. Muchas otras lenguas no tienen esa palabra.
No es que al español le sobre
vocabulario. Es que hay experiencias que esta comunidad nombró y otras no. Para
un profesor de ELE eso abre conversaciones muy naturales con los estudiantes
sobre diferencias culturales sin necesidad de forzarlas.
La lengua que se está lexicalizando ahora
La lexicalización no es solo
historia. Está pasando ahora. Tuitear, selfie, videollamada,
hacer clic: todas son expresiones en distintas etapas de fijación en el
español de hoy.
Ser consciente de esto ayuda a
no tratar el vocabulario como una lista estática. El léxico es un sistema vivo
donde constantemente aparecen unidades nuevas y se fijan combinaciones que antes
eran libres.
Entender la lexicalización ayuda a responder con más
honestidad las preguntas de los estudiantes, a presentar mejor el vocabulario y
a tener una imagen más ajustada de cómo funciona realmente el idioma que
enseñamos. A veces la mejor explicación no es una regla. Es saber reconocer
cuándo el idioma simplemente decidió que algo era así lo repitió suficientes
veces y ya no miró atrás.
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