Cuando el mundo empieza a hablar igual
Lengua, traducción e Inteligencia artificial
En los últimos años se percibe un cambio que no siempre se formula de manera explícita pero que se oye con claridad: se empieza a hablar de una forma que antes no era habitual. No se trata solo de palabras nuevas sino de estructuras completas que se repiten, de fórmulas que se estabilizan y de una manera de decir que empieza a sonar similar en contextos muy distintos. Este cambio en la forma de hablar está vinculado al uso creciente de traducción automática, plataformas digitales y sistemas de inteligencia artificial.
Un ejemplo claro es la frase “Todo va a estar bien”. Gramaticalmente es correcta pero su difusión masiva no nace del uso tradicional del español sino del calco del inglés everything is going to be okay. Antes existían muchas alternativas situadas: “no pasa nada”, “ya verás”, “tranquilo”, “se arregla”. Cada una funcionaba en un contexto específico. La nueva fórmula es plana, general y fácilmente trasladable entre idiomas.
Este tipo de expresiones ya no circula solo en español sino en muchas lenguas a la vez. Se instala así una especie de registro global que atraviesa idiomas y culturas.
El papel de la traducción y las plataformas digitales
Este fenómeno no comenzó con la inteligencia artificial. Empezó antes con los traductores automáticos, los subtítulos internacionales, los doblajes estandarizados y las plataformas de streaming. Las series y películas producidas en inglés y dobladas a otras lenguas funcionan como un difusor constante de estructuras ajenas.
En los doblajes al español se observa con frecuencia:
– Ritmos sintácticos calcados del inglés.
– Entonaciones poco naturales en español.
– Frases correctas pero históricamente poco usadas.
– Pérdida de matices expresivos.
Se va formando así un español neutro, funcional y exportable, pero cada vez menos ligado a usos locales concretos.
La inteligencia artificial acelera este proceso. Los modelos de lenguaje se entrenan con grandes cantidades de texto ya traducido y estandarizado. Al generar nuevas respuestas refuerzan ese mismo registro. Cuanto más se utilizan estas herramientas, más se consolida una forma de español influida por el inglés.
Un fenómeno visible en muchas lenguas
La influencia estructural del inglés no se limita al español ni al entorno digital.
En francés se ha extendido ça fait sens, calco de it makes sense, desplazando la forma tradicional ça a du sens. También aparece je suis confortable avec ça, traducción directa de I’m comfortable with that.
En alemán se consolida das macht Sinn con el mismo patrón.
En lenguas como el japonés, el coreano o el chino no siempre aparecen calcos literales, pero sí una tendencia clara a:
– Mayor explicitud.
– Menor dependencia del contexto.
– Organización discursiva más lineal.
El inglés no solo aporta palabras sino formas de organizar el discurso que luego se reproducen en procesos de traducción y en sistemas automáticos.
Cambios semánticos y ortográficos en el uso digital
Además de las estructuras, se observan desplazamientos en el significado de las palabras.
Un caso claro es bizarro. En español significa “valiente” o “esforzado”, pero cada vez se usa más con el sentido del inglés bizarre (“extraño”). Se trata de un calco semántico que contradice el significado tradicional.
Otro fenómeno visible es el uso creciente de mayúsculas iniciales en los días de la semana: Lunes, Martes, Miércoles. En español normativo esto es incorrecto, pero la influencia del inglés y de las interfaces digitales lo vuelve cada vez más frecuente.
A esto se suma un hecho nuevo: los correctores automáticos. Herramientas como los teclados predictivos marcan como incorrectas formas perfectamente válidas del español y validan usos incorrectos pero frecuentes.
El inglés usa el gerundio de forma mucho más amplia (I’m working on it, I’m thinking about it, I’m hoping…). Algunos correctores favorecen construcciones con gerundio incluso cuando en español suenan forzadas o incorrectas. El problema no es el gerundio en sí, sino la importación mecánica de la estructura inglesa completa, incluidas preposiciones y progresivos innecesarios.
La norma ya no viene solo de gramáticas o diccionarios sino también de sistemas entrenados con grandes volúmenes de uso real.
Lenguaje, pertenencia y previsibilidad
El lenguaje siempre ha funcionado como marcador de pertenencia. Hablar de cierta manera indica quién forma parte del grupo y quién no. Hoy ese grupo ya no es solo local o cultural sino también digital y transnacional.
Se configura un registro compartido por quienes consumen los mismos contenidos, usan las mismas plataformas y dialogan con los mismos sistemas. Es un lenguaje previsible, estable y con poca fricción.
Esta previsibilidad tiene ventajas: reduce ambigüedad, facilita la comunicación básica y permite que más personas se expresen sin depender de una gran habilidad verbal. La simplificación puede ser funcional.
El problema aparece cuando la simplificación se vuelve la única opción.
Cuando la palabra se vuelve automatismo
El riesgo de la estandarización del lenguaje no es solo lingüístico sino también cognitivo. Cuando las fórmulas se repiten automáticamente, la palabra puede reemplazar a la experiencia. Se responde con expresiones prefabricadas sin que necesariamente haya comprensión real del contexto o del pensamiento del otro.
Paradójicamente, cuanto más homogéneo se vuelve el lenguaje, más difícil resulta acceder a la singularidad de quien habla. Las frases funcionan, pero dicen cada vez menos sobre cómo piensa realmente una persona.
No se trata de idealizar el pasado. Los automatismos siempre existieron. Lo nuevo es la escala, la velocidad y la sensación de que entendemos solo porque reconocemos la fórmula.
Lengua viva o lengua estandarizada
El lenguaje siempre cambia. La cuestión no es el cambio sino la dirección del cambio.
¿Queremos un idioma cada vez más eficiente, global y predecible
o un idioma que conserve diversidad, matiz y fricción?
La inteligencia artificial no decide esto por sí sola. Son los hablantes, los usos cotidianos y las herramientas digitales que aceptamos como autoridad quienes van modelando la lengua.
Escuchar cómo hablamos hoy es una forma de conciencia lingüística y también una forma de observar cómo la tecnología, la traducción automática y la inteligencia artificial están interviniendo en el lenguaje cotidiano.
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